Una joyería en el tercer anillo de Santa Cruz se convirtió en el escenario de un atraco relámpago que dejó a la comunidad sin aliento. A las 19:13, cuando el reloj de la cámara interna marcaba la hora, un hombre envuelto en negro y con un casco de motocicleta al brazo irrumpió en el establecimiento, desencadenando una cadena de violencia que duró apenas tres minutos.
Ocho personas estaban dentro: cuatro clientes y cuatro empleados, entre ellos dos menores de edad. Al percatarse del asalto, dos mujeres y los dos niños lograron escapar; sin embargo, una mujer que intentó huir quedó retenida y obligada a volver al interior, donde se sentó junto a una empleada que, bajo coacción, abrió los vitrines.
En cuestión de segundos, el primer asaltante fue seguido por dos cómplices adicionales. Los tres hombres, armados, derribaron los exhibidores de vidrio y, en un acto de brutalidad, dispararon contra una vitrina para extraer las joyas. Mientras tanto, una trabajadora colaboró abriendo los mostradores y otra guardó los objetos robados en mochilas, bajo la mirada vigilante de un tercero que mantenía las manos en alto, caminando de un lado a otro.
El botín fue acumulado rápidamente y, tras más de tres minutos de saqueo, los delincuentes abandonaron la escena. Un cuarto cómplice, aguardando fuera, se incorporó a la fuga. Los perpetradores escaparon en dos motocicletas —una negra y otra verde—; dos de ellos tomaron la ruta norteña, pero una llanta se pinchó, obligándolos a robar otra moto a un hombre que viajaba con su esposa, dejándola abandonada en el camino.
«Las investigaciones continúan y, hasta el momento, una de las trabajadoras ha sido aprehendida», informó la Policía de Santa Cruz tras tomar declaraciones.
Los operativos policiales posteriores culminaron con la captura de tres presuntos cómplices y la incautación de varias motocicletas, incluida la sustraída en la carretera norteña. Aún se espera el informe oficial que detalle los resultados de los arrestos, los objetos secuestrados y la identificación definitiva de los responsables.
El episodio subraya la vulnerabilidad de los comercios en zonas de alto tráfico y plantea una incómoda pregunta: ¿hasta cuándo la respuesta del Estado será reactiva frente a la audacia de quienes, armados y organizados, ponen a prueba la seguridad de la ciudadanía?