Economía

Bolivia será la única economía sudamericana en recesión en 2026 y 2027, según el FMI

El FMI prevé que Bolivia será la única economía sudamericana en contraer su PIB en 2026 (-3 %) y 2027 (-1,5 %), mientras sus vecinos crecen, evidenciando la urgencia de reformas estructurales y diversificar la economía pronto.

Bolivia será la única economía sudamericana en recesión en 2026 y 2027, según el FMI

Una sombra sobre los Andes: Bolivia se perfila como la única economía sudamericana que retrocederá en los próximos dos años, según el FMI.

El informe World Economic Outlook del Fondo Monetario Internacional, publicado hace una hora, muestra una proyección alarmante: el Producto Interno Bruto de Bolivia caerá un 3 % en 2026 y un 1,5 % en 2027. Mientras tanto, el promedio regional avanza con un crecimiento del 2,1 % y 2,4 % en los mismos periodos.

El contraste es rotundo. Brasil, la mayor economía del bloque, se espera que registre un aumento del 2,2 % en 2026 y del 1,9 % en 2027. Argentina, Chile y Perú también presentan trayectorias de expansión, con tasas que oscilan entre el 0,6 % y el 3 %. Incluso Venezuela, que lucha contra sanciones y crisis internas, muestra proyecciones de 5 % y 7 % de crecimiento.

"Bolivia será la única economía de Sudamérica que registrará una contracción tanto en 2026 como en 2027", advierte el FMI.

La singularidad de la predicción boliviana no se limita al continente. En Centroamérica y el Caribe, la única excepción a la tendencia alcista es Haití, con una contracción prevista del 1,7 % y 0,5 % en los mismos años.

El Banco Mundial, aunque revisó al alza sus estimaciones, coincide en la visión pesimista: una caída del 2,8 % en 2026 y del 1,4 % en 2027 para Bolivia. Ambas instituciones atribuyen la presión a factores externos -la guerra en Irán, el encarecimiento del petróleo y de materias primas- y a la distribución desigual de los beneficios de la inversión en inteligencia artificial.

En el panorama global, el FMI anticipa un crecimiento del 3,1 % en 2026 y del 3,4 % en 2027, una ligera mejora respecto a sus previsiones anteriores. Sin embargo, la desaceleración de una de las economías más vulnerables de la región pone de relieve la fragilidad de los modelos de desarrollo que dependen excesivamente del Estado y de la intervención externa.

La lección que deja este pronóstico es clara: la ausencia de reformas estructurales, la dependencia de subsidios y la falta de un entorno que fomente la iniciativa privada convierten a Bolivia en una anomalía recesiva en medio de un continente que avanza.

En una era donde la libertad económica se ha convertido en motor de crecimiento, la trayectoria de Bolivia sirve como advertencia de que la inacción puede costar más que cifras: puede costar la confianza de los mercados y la prosperidad de toda una generación.