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Diplomacia, deudas y una American Express: la caída a plomo de Kimberly Guilfoyle

De estrella mediática y «casi nuera» presidencial a ser repudiada por Donald Trump tras ahogarse en una trama de favores políticos, facturas sin pagar y escándalos en el Egeo.

Diplomacia, deudas y una American Express: la caída a plomo de Kimberly Guilfoyle

La diplomacia estadounidense en el Egeo ha terminado estrellándose contra el saldo pendiente de una tarjeta de crédito. Kimberly Guilfoyle, hasta ahora embajadora de Estados Unidos en Grecia, antigua estrella de Fox News y exnuera del presidente, ha visto cómo su carrera política se desmoronaba bajo el peso de un expediente investigado por la Oficina del Inspector General. El presidente Donald Trump, el mismo hombre que un día la acogió en su círculo más íntimo y avaló su nombramiento, ha fulminado su cargo en un movimiento que mezcla el pragmatismo político con el repudio personal.

El relato oficial de la Casa Blanca ha intentado, durante un suspiro, mantener las formas. En su estreno ante los medios, la flamante secretaria de Prensa, Katie Zacharia, confirmó la petición de renuncia envolviéndola en el habitual celofán institucional: una trabajadora que ha sido un activo maravilloso a la que se le desea lo mejor. Sin embargo, la realidad que se cuece en los despachos es mucho más áspera. Horas después de la diplomática despedida de su portavoz, el propio Trump se encargó de dinamitar cualquier puente.

No era parte de mi familia. Supongo que salía hace mucho con mi hijo, y de todas formas no me gustaba lo que estaba leyendo.

Con esa frase, el mandatario borraba de un plumazo una historia que comenzó en 2018, cuando Guilfoyle y Donald Trump Jr. iniciaron una relación que los llevó a comprometerse en 2020 y a pasearse como figuras clave en las campañas del Partido Republicano, hasta su discreta ruptura en 2024. Lo que el presidente estaba leyendo, impulsado en parte por los informes del senador Marco Rubio tras su paso por Grecia, era un goteo incesante de presuntas corruptelas que habían colmado la paciencia de Washington.

Los detalles de la caída tienen el barniz de la negligencia desacomplejada. El más llamativo de los escándalos sitúa a la exembajadora pidiendo 100.000 dólares a Eric Deters, un conocido simpatizante republicano, para saldar una abultada deuda personal con American Express. A cambio de la inyección económica, y con mensajes de texto que detallaban hasta las instrucciones de la transferencia, Guilfoyle habría prometido acceso directo a las altas esferas de la Administración.

A este episodio se suman acusaciones de haber utilizado su posición diplomática para ejercer de conseguidora, favoreciendo presuntamente los intereses comerciales del conglomerado de construcción y energía griego Aktor Group. Una red de favores y regalos de lujo que sus abogados se han apresurado a negar, calificando los informes sobre sus viajes de engañosos y asegurando un cumplimiento escrupuloso de la ley federal. Sin embargo, fuentes cercanas a la investigación confirman que la Oficina del Inspector General no ha comprado esas excusas.

El historial de Guilfoyle no ha hecho más que echar leña al fuego. A las acusaciones de acoso sexual por parte de su antigua asistenta en la época de Fox News se le han sumado salidas de tono sobre la supremacía estadounidense frente a otras naciones, un cóctel de polémicas que ha terminado por ser insostenible. Al final, la diplomacia requiere un tacto que no se compra con regalos de dudosa procedencia, y el Despacho Oval ha decidido cortar por lo sano antes de que el incendio griego llegue a los jardines de la Casa Blanca.