Política

Escándalo de privacidad en Bolivia: exdiputado Amílcar Barral denuncia al vicepresidente Edmand Lara y lleva el caso a los tribunales de Sucre

El exdiputado Amílcar Barral denuncia al vicepresidente Edmand Lara por difundir audios sin permiso, acusándolo de espionaje y violar la Constitución; la Fiscalía de La Paz lo desestima, y el caso se trasladará a Sucre.

Escándalo de privacidad en Bolivia: exdiputado Amílcar Barral denuncia al vicepresidente Edmand Lara y lleva el caso a los tribunales de Sucre

Un escándalo de privacidad que sacude los pasillos del poder boliviano se ha convertido en la nueva carta de presentación del exdiputado nacional Amílcar Barral. Tras ver cómo el vicepresidente Edmand Lara difundía llamadas grabadas sin autorización, Barral no tardó en lanzar una denuncia penal que la Fiscalía de La Paz desestimó en cuestión de horas.

El exlegislador, que no ha dejado pasar el asunto, anunció que trasladará su caso a los tribunales de Sucre, aduciendo que allí "se podrá comprobar si la justicia es realmente transparente". La decisión de la Fiscalía, que argumentó la inexistencia de delito bajo la normativa local, ha encendido la polémica sobre los límites de la vigilancia estatal y el derecho a la intimidad.

"Edmand Lara viola el artículo 25 de la Constitución, que protege a todos los bolivianos contra la grabación y publicación no consentida de sus conversaciones. Eso constituye delito según el Código Penal", declaró Barral en una entrevista con Unitel.

Según el exdiputado, la acusación que presentará este miércoles incluye al menos siete infracciones, entre ellas espionaje, violación de la Ley de Telecomunicaciones y el artículo 107 del Código Penal. La "proposición acusatoria" busca activar un juicio de responsabilidades ante la Asamblea Legislativa Plurinacional, un mecanismo que, en teoría, permite sancionar a altos funcionarios por actos que atentan contra la Constitución.

El vicepresidente, por su parte, mantiene que la información proviene de una fuente confiable, aunque no ha ofrecido pruebas que legitimen la difusión de los audios. La falta de claridad alimenta la sospecha de que la estrategia de Lara podría estar orientada a la manipulación de la opinión pública, un juego de poder que no pasa desapercibido para los observadores conservadores y libertarios.

Este episodio pone de relieve una tensión creciente entre la seguridad del Estado y las libertades individuales. Mientras la Fiscalía de La Paz descarta la existencia de delito, la posible reubicación del caso a Sucre podría marcar un precedente judicial sobre la protección de la privacidad en Bolivia.

El futuro del caso dependerá de si la justicia boliviana está dispuesta a defender, con rigor, los derechos constitucionales frente a los intereses de la clase política.